Rescensión elaborada por: Josep  Gandía i Calabuig 2005

 

 

Historia de un Español. Un testigo de los mártires. Memorias de Gonzalo Gironés Pla. Edita: Gonzalo Gironés Guillem, Ontinyent 1997

 

 

Historia de un Español, recoge las memorias de Gonzalo Gironés Pla (Ontinyent 1908 - Valencia 1984), un ontinyentino al que los avatares de los años treinta situaron en un lugar central del panorama sindical y político de la ciudad. Durante la Republica fue presidente del Sindicato de Obreros Católicos (SOC). Acabada la guerra civil, accedió al cargo de Primer Teniente de Alcalde en el Ayuntamiento de Ontinyent (1939-46), además de actuar como Delegado Sindical Comarcal. Más tarde fue Diputado Provincial por Valencia y Delegado Provincial de sindicatos en Jaén.

 

El libro arranca en 1930, momento en el que regresa a Ontinyent una vez terminado el servicio militar en Barcelona; y termina en la primavera del 38, contando los pormenores que rodearon su paso a las filas nacionales en el frente del Maestrazgo.

 

Entre ambos momentos el relato se adentra en los entresijos de la vida religiosa, social y política de la población. Gironés trabajaba en una fábrica de muebles (Muebles Oviedo) y formó parte del nutrido grupo de jóvenes que desplegaban su actividad en  la Juventud de Acción Católica (JAC), entidad en la que llegó a ocupar diversos cargos directivos. Además, su ideología social, fuertemente influida por sus sentimientos religiosos, le llevo a decantarse por el tradicionalismo carlista como opción política.

 

No es extraño que con esas credenciales se fijaran en él para dirigir la organización sindical impulsada desde sectores católicos. Fue  Presidente y máximo dirigente del SOC, un sindicato que nunca logro acercarse a la fuerza e influencia  de la CNT o de la UGT, pero que se convirtió en el referente  sindical de la derecha.

 

Esta triple dimensión (acción católica, carlismo y sindicalismo católico) marcará los ejes de la actuación publica del autor.

 

En su primera versión (terminada en 1983  y editada en 1985,  con destino restringido a  familiares y amigos) el libro llevaba por titulo  Historia de un Español-Memorias de Gonzalo Gironés Pla.  La edición impresa en 1997 apareció con el subtitulo “Un Testigo de los Mártires”, seguramente como consecuencia de la actualidad que en esos momentos estaba tomando el proceso de beatificación de varios amigos o compañeros de Gironés que aparecen en el libro (escogidos, dicho sea de paso, con criterios no siempre fáciles de entender). Mas adelante comentaremos este asunto. Esta edición de 1997 también supuso otras pequeñas  modificaciones, como el añadido de una poesía redactada por uno de sus hijos o retoques en alguno de los pasajes . En cualquier caso, estos detalles  no afectan en nada al contenido esencial del texto.

 

El carácter del libro, autobiográfico y basado en la memorias personales del autor, conlleva inexorablemente algunas barreras prácticamente insalvables. Es lógico que todo el relato este tamizado por la perspectiva ideológica del autor, aunque estimamos que esta escrito con honradez y esfuerzo por ajustarse a lo que, en su opinión, sucedió en  cada momento del relato. Por otra parte, muchas de las fechas, nombres o detalles  contienen multitud de errores, comprensibles en un texto de estas características. Con todo, el libro tiene un valor excepcional. Recuerdo el impacto que me produjo la lectura de aquellas primeras ediciones restringidas. Me pareció una aportación fundamental al conocimiento de los entresijos de muchas cuestiones históricas importantes, imposibles de aclarar por otros medios.  Se trata del relato de una persona que fue testigo directo de los acontecimientos y que, con las salvedades apuntadas, aporta valiosísimas informaciones acerca de un periodo de crucial importancia.

 

En nuestra opinión, del contenido del libro  merecen ser destacadas algunas cuestiones. Entre ellas las siguientes:

 

Ø      La descripción del proceso electoral de abril de 1931, con el análisis de la pervivencia de prácticas caciquiles y  mecanismos de influencia en el voto basados en las relaciones personales.

 

Ø      El análisis de la  reorganización de la derecha local tras el fracaso en las elecciones municipales, con la consiguiente división, más formal que real, entre carlistas y Derecha Regional Valenciana (DRV).

 

Ø       El proceso de creación de los sindicatos católicos en Ontinyent y otras poblaciones de la comarca (Ollería, Montaverner, Alfarrasí, Albaida o Agullent)

 

Ø      El papel e implicación de la iglesia local  en cuestiones sociales y políticas (con informaciones sustanciosas sobre algunos de sus máximos representantes como Rafael Juan Vidal,  principal animador y director del grupo de jóvenes tradicionalistas que llevaban a su cargo el peso de la Acción Católica,  a los que  aconsejaba no intervenir en política y “en caso de tener que hacerlo por necesidad” dejarse guiar por las orientaciones de El Siglo Futuro, órgano de prensa del tradicionalismo español mas integrista; de Juan Belda, que “fracaso en su empeño de ganarnos a los jóvenes  para la DRV”; o de   Remigio Vallsnuestro inspirador y sindicalista de honor” y “verdadero promotor del sindicato”)

 

Ø      La información que el libro aporta acerca de la “trama civil” de apoyo a la esperada  insurrección militar que acabaría desencadenando la guerra civil (con  referencias a los “conjurados”, a los “grupos ya organizados, armados, expertos y decididos”, al acopio de armas y practicas de tiro, a los contactos  con parte de la dotación de la Guardia Civil destinada en la localidad…)

 

Ø      De forma destacada, es interesantísima toda la descripción que en el libro se hace de la represión de los primeros meses de guerra: cárcel, juicios fusilamientos…… Representa un  testimonio de indudable valor el relato de los juicios a que eran sometidos algunos detenidos por parte del primer Comité de Salud Publica (CSP) en agosto-septiembre del 36, la insistencia de los miembros del CSP para que entregasen las armas, la relación de implicados y los planes de actuación que habían previsto…, las delaciones mutuas entre algunos falangistas detenidos que pusieron al descubierto su implicación…En el libro se relata, a veces con detalles que la documentación disponible permite reconsiderar desde otra perspectiva y con mayores precisiones,  la inmensa mayoría de las muertes ocurridas en la retaguardia (recordémoslo una vez mas: una autentica tragedia, con mas de 80 muertos, alrededor de 60  en Ontinyent o cercanías,  la practica totalidad de los mismos en los primeros meses de la contienda).

 

Gonzalo Gironés fue detenido a principios de agosto de 1936 y estuvo en las diferentes cárceles habilitadas al efecto (San Francisco, San Carlos y Juzgados) hasta los primeros días de septiembre, fecha en la que fue puesto en libertad. Posteriormente se marchó al frente  (Castellón), pero pronto tuvo que escapar (ayudado por mandos militares republicanos) debido a las continuas denuncias que le señalaban como militante derechista. Se escondió en Valencia y en el verano del 37 vuelve a Ontinyent donde permanece escondido hasta finales de año, momento en el que al ser llamada a filas su quinta, se incorpora de nuevo al frente. Desde su destino en el Maestrazgo  conseguirá  pasar, unos meses después,  a las filas del ejercito de Franco.

 

Visto con suficiente perspectiva y teniendo en cuenta como estaba el patio en aquellas semanas de 1936, resulta milagroso que, afortunadamente, saliera con vida de aquellos trances.  Estamos ante un destacado activista católico, carlista y presidente del sindicato impulsado por la derecha. Y estamos hablando de unos momentos en los que, en mas de una cuestión, los sectores más radicales de la CNT y la FAI cortaban el bacalao en Ontinyent. Con toda probabilidad, las intervenciones personales a su favor de algunos dirigentes (insinuadas por él mismo en el libro) están detrás de su salida en libertad de la cárcel. De nuevo, ya incorporado en Castellón, su vida corrió peligro (por las denuncias de milicianos que le conocían y no estaban dispuestos a luchar codo con codo en el mismo frente de batalla),  y otra vez se salvo in extremis gracias a intervenciones personales a su favor. Por ultimo, en la primavera del 38 volvió a correr grave riesgo de ser descubierto en sus planes de pasar a la filas nacionales, pero acabó consiguiendo sus propósitos.

 

No podemos dejar de referirnos a un tema que nos parece importante. Ya hemos señalado que en la edición de 1997 se añadió al libro el subtitulo “Un testigo de los mártires”. Es posible que en algún momento se pensase  que podía servir como una prueba más del “martirio” sufrido por los detenidos y fusilados en los primeros meses de la guerra, alguno de ellos incluido en los procesos de beatificación entonces en curso.  Eso nos da pie a efectuar un breve comentario al respecto.

 

Es cierto que el autor habla de “martirio” cuando se refiere a buena parte de las muertes ocurridas en la retaguardia. Pero el propio Gironés  apunta causas que rodearon  muchas de esas muertes que hacen imposible, en nuestra opinión, calificaciones de ese carácter.

 

Vayamos por partes. Ni que decir tiene que la jerarquía de la Iglesia Católica esta en todo su derecho de llevar adelante cuantos procesos de beatificación estime convenientes. Menos todavía cabe decir del carácter totalmente detestable y condenable de las muertes ocurridas durante la guerra, más si cabe en el caso de los asesinatos irregulares ocurridos en la retaguardia. Eso, a los que estamos en contra de la pena de muerte, venga de donde venga y sean cuales sean las circunstancias, no nos lo tiene que recordar nadie.


 

         Pero lo que no vale es negar la evidencia histórica. Todos los documentos y testimonios disponibles, incluido de forma clarísima el propio libro de Gironés, nos permiten poner en duda los argumentos centrales que a veces se emplean al tratar estas cuestiones. Al menos para la inmensa mayoría de los casos.

 

         Y no porque lo diga  yo. Doctores tiene la Iglesia. Y lo dejan bien claro. Para ellos, cuando se habla de mártires  solo se puede estar haciendo referencia a quienes “entregan su vida por amor a Dios y solo por este motivo”. Y añaden: “Todos los caídos en la guerra y los que sufrieron la represión en ambos bandos, por la defensa de unos ideales políticos y sociales, merecen el máximo respeto (…) pero no pueden ser equiparados a quienes dieron sus vidas por motivos exclusivamente religiosos”. Y concluyen: “si las razones de la muerte son de carácter político o social, la Iglesia nunca reconocerá el martirio, pues ello crearía escándalo y confusión”. (todos los entrecomillados de Carcel Ortí,V.: La persecución religiosa en España durante la segunda Republica 1931-39, RIALP 1990, paginas 40, 41 y 348.).

 

         Entre los motivos por los que murieron muchos de los ontinyentinos asesinados durante la guerra, cabe precisar que el propio Gonzalo Gironés nos recuerda que estaban acusados de poseer armas, de estar organizados contra la Republica….. En el libro se da información acerca de estas actividades subversivas del Requeté (“fuerza miliar organizada de la Comunión Tradicionalista”, según sus propias ordenanzas), las escuadras de Falange Española y sectores de la DRV. La documentación disponible lo confirma y detalla. Lógicamente, no todos los afiliados a estos partidos de derechas participaban en tales actos, pero si muchos de ellos. Y, en cualquier caso, es indudable que esas organizaciones estaban implicadas en la subversión. Y Girones, con sinceridad que le honra, lo reconoce y reivindica.

 

Por otro lado, es evidente que muchos de ellos, sobretodo en el caso de los carlistas y activistas de la DRV, eran también profundamente religiosos, que actuaban activamente en diferentes organizaciones de la iglesia y cuyos sentimientos católicos están fuera de toda duda. 

 

Téngase  en cuenta  que en los momentos de los que estamos hablando, la Iglesia católica y la religión aparecían ante buena parte de las masas populares como aliados naturales de quienes habían iniciado la guerra contra la Republica. Como recuerda A. Calzado, en su reciente tesis sobre la Republica y el Primer Franquismo en la Vall d´Albaida, en los primeros meses de la guerra, en medio del desorden institucional que la misma provocó, los sectores mas revolucionarios trataban de “borrar radicalmente de la realidad la antigua sociedad y entre ella (…) se encontraba la Iglesia católica”. Por eso, considera que las muertes de religiosos o personas de significación religiosa  se deben “enmarcar en los mismos condicionantes que el resto de victimas. Se mató a sacerdotes (y a muchos católicos, añadimos nosotros) porque eran vistos como uno mas de los enemigos de la Republica”. Eso explicaría, según Calzado, que una vez pasado el vendaval revolucionario de esos primeros meses,  muchos sacerdotes y significados católicos desarrollasen una vida civil mas o menos normal o que en todo momento la inmensa mayoría de las religiosas fueran respetadas  por estimar que “estas órdenes no participaban de la hipocresía del resto de la Iglesia”.

 

 Por ultimo, no podemos dejar de considerar que Girones nos habla también de otro tipo de motivaciones que podrían estar detrás de algunas de estas muertes, tales como “instigaciones de tipo laboral”,  “saldar deudas e hipotecas”, “enemistades personales”, “infundíos de que aplicaba vacunas o inyecciones envenenadas” (en el caso de un medico), e incluso alguna “muerte por encargo”.

 

En definitiva, por todo lo dicho,  nos parece que a la hora de explicar hipotéticos “martirios” separar la ideología y practica religiosa de muchas de estas personas, de su militancia política o de ese otro tipo de posibles motivos de los que nos habla Gironés,  se convierte en una misión innecesaria, absurda e imposible.  Incluso es imposible hacerlo sin confusión en el caso de algunas mujeres asesinadas que eran profundamente religiosas, participaban en las Juntas Directivas de las organizaciones católicas femeninas y, al mismo tiempo, eran militantes de organizaciones políticas de derechas, especialmente de la rama femenina de la DRV (Acción Cívica).

 

Y si eso no se puede hacer con claridad y rotundidad, nos remitimos a lo dicho anteriormente por boca de uno de los  mas destacados  defensores de los procesos de beatificación. Que nadie se extrañe si algunos se sienten escandalizados o confundidos.

 

         Todo lo anterior no es obstáculo para que pensemos que libros como este,  a pesar de sus limitaciones, deben considerarse  aportaciones importantísimas al conocimiento de la historia local. Bueno sería que cundiera el ejemplo (algo que no ha ocurrido en demasiadas ocasiones, con la salvedad destacable de las memorias inéditas de Rafael Reig Silvaje).  En el caso de Gonzalo Gironés, estamos ante un libro de consulta obligatoria para todo el que quiera conocer “desde dentro” y “desde la primera fila” algunos de los acontecimientos mas interesantes de la sociedad ontinyentina en los años treinta.

          

        

 

                                                                                           Josep  Gandía i Calabuig